
Pero quizá sea más interesante extender la mirada a la amplia tradición de espacios centrales en edificios icónicos de la arquitectura.

En la Villa Rotonda, por ejemplo, Palladio crea un espacio central a manera del Panteón que distribuye a cuatro salas idénticas. Este espacio ha sido imitado copiosamente desde villas de veraneo hasta la Casa Blanca. Se incorpora también a la tipología de museos, en el momento en que estos dejan de ser galerías privadas de arte para convertirse en lugares de conocimiento y esparcimiento público.
Un museo paradigmático, el Altes de

En Marco, este espacio central se ve también rodeado de un pórtico, pero las galerías son de distintos tamaños, colores, y calidades lumínicas. En lugar de recorrer el museo robóticamente, la experiencia se vuelve un descubrimiento individual. El espacio se ve compartimentalizado, pero de una manera asimétrica y gradual. Accediendo al museo desde la ciudad, el patio se convierte en un respiro bien recibido, un espacio donde reina la luz y el sonido del agua. Recorriendo las salas, se convierte en un punto de referencia. Como en las antiguas haciendas, como en las casas indígenas, como en Altes o la Villa Rotonda o el Panteón: un espacio para entender qué es lo que distingue construcción de arquitectura.